miércoles, 17 de septiembre de 2008

Ciberdemocracia

Ciberdemocracia
Julio Mariñez Rosario


Mucho se habla de incorporar la informática al ejercicio democrático. Se dialoga sobre cómo será la democracia del futuro, en el que cada persona tendrá acceso al voto electrónico y haremos realidad el ejercicio de la democracia directa. Hablamos y hablamos del tema sin detenernos unos instantes a meditar sobre el mismo. De sus ventajas, pero también de sus inconvenientes. No perdamos de vista que todo ejercicio de una práctica siempre tiene su bemol.

“En teoría, es verdad que simplemente apretando una tecla cada ciudadano puede dar a conocer su opinión al gobierno, o incluso aprobar una ley. En esta ciberdemocracia desaparece el debate, el decidir juntos, la noción misma de interés común. Estamos en el extremo opuesto de la democracia directa”. Quien así opina es Giovanni Sartori, un clásico de la ciencia política.

Profesor emérito de la Universidad de Florencia y catedrático de la Columbia University de Nueva York, Sartori es un investigador científico y un sesudo analista de las piezas de la ingeniería política, ha estudiado los sistemas de partidos y su interrelación con los sistemas electorales, evaluando las diferentes variables que interactúan y arrojando conclusiones que marcan, en buena parte, el éxito de los partidos de acuerdo al sistema electoral en donde participan.

Sartori es un estudioso de la democracia. Reflexiona sobre los elementos que la componen, la definen y sobre qué variables pueden considerarse democráticas y cuales no. Su abstracción es de una profundidad que tiene que ver con los valores, escrutando su contenido, sus expresiones en el mundo real y calificando, bajo su óptica académica, qué regimenes se pueden considerar democracias y cuales no.

Por ejemplo, las llamadas democracias populares para Sartori no son democracias. Y esta definición tiene que ver con el criterio de sistema y antisistema y la importancia de los partidos políticos en dicha dicotomía. Este dato es de suma importancia ya que podemos valorar el papel que juega un partido dentro de una democracia formal, si su accionar es en función de fortalecer las instituciones democráticas o, de lo contrario, mina las mismas persiguiendo debilitar el sistema y sacar provecho a la situación. Sartori se fijó en el Partido Comunista Italiano y en los de otros países. Aunque el PCI trabajaba en función del mantenimiento del sistema político italiano, su ideología per se era antisistema y como tal había que considerarlo. Analiza igualmente al Partido Comunista Alemán de la República de Weimar y al Partido Comunista Chileno, obteniendo las mismas conclusiones.

Su análisis del sistema electoral y su relación con los partidos políticos como pilares esenciales de la democracia lo lleva a meditar en profundidad sobre el tema de la ciberdemocracia. La frase que destacamos anteriormente es suficientemente clara y es una advertencia para quienes pretenden utilizar una herramienta -verdaderamente útil y de un significado estupendo en manos de verdaderos demócratas- como una trampa cazabobos, incorrectamente y de manera superficial; evitando el debate profundo y el necesario contacto humano, que siempre le da un sentido diferencial a las posiciones.
Publicado en el Listín Diario 17/09/2008

miércoles, 10 de septiembre de 2008

¡Nooo, aunque sean eunucos!

¡Nooo, aunque sean eunucos!
Julio Mariñez Rosario


Un gobierno que se ha destacado por el uso abusivo de los fondos públicos en función de los intereses de la claque gobernante, sin importarle el deterioro de la institucionalidad democrática, la legitimidad de sus actos o decoro de la dignidad pública, pretende meterle la mano a los mas más de 60,000 millones de pesos de la Seguridad Social y hacer fiesta a discrecionalidad con ellos. No podemos creer que serán utilizados en términos de probidad y eficiencia, aunque nos digan que un grupo de eunucos cuidarán de los mismos.


Recordemos a Constantino y aprendamos de la historia las lecciones para un mejor desempeño en beneficio de nuestra colectividad. Constantino, quien fue emperador de Roma (306-337 DC), como medida práctica para prevenir la corrupción solía castrar a los burócratas.


Para prevenir la corrupción, no para castigarla. Este hombre, reconocido por la cristiandad mundial como un modelo de virtud y santidad, pensaba que los funcionarios debían ser sólo leales al Emperador y no a ellos mismos o a sus familias. De allí que suponía que los eunucos se liberaban de las pasiones humanas, como la codicia u otras flaquezas, y podían dedicarse honestamente a sus funciones de servidor público. Constantino no pudo triunfar en esa batalla. A pesar de que los funcionarios no tenían esposas, hijos, amantes; la corrupción continuaba galopante.


El Emperador no logró formar un inmenso contingente de funcionarios que trabajaran honesta y desinteresadamente, más allá de sus ingresos legales, por el Estado y el pueblo de Roma. Esa batalla la perdió Constantino El Grande, a pesar de su radical medida de esterilizar a buena parte de la burocracia romana.


El punto central de la corrupción se encuentra en el estatismo asfixiante que limita la posibilidad de participación y de control por parte de diferentes agentes sociales. La raíz de las fuerzas que corrompen a los gobiernos está en ellos mismos, en la noción de que la solución a los problemas la tiene una claque que ejerce el poder y cuanto menos control tenga, más flexibilidad tienen para manejar los temas complicados que deben afrontar.


Los que así piensan, los que creen que la democracia representativa es un cheque en blanco sobre el que hay que presentar cuentas cada cuatro años en medio de una campaña electoral donde prolifera el ruido bullanguero y la malversación de fondos, consideran que el gobierno debe atender la solución de todos los problemas, sin observar que el gobierno, en muchísimos casos, es parte u origen del problema.


En caso de darle el zarpazo a los fondos de la Seguridad Social dominicana, por parte de un gobierno carente de legitimidad, que no ha mostrado respeto por los derechos ciudadanos, tendremos el triste espectáculo de contemplar una institución colocada en bancarrota, con sus dineros en vilo y una ciudadanía en la que crece la decepción por la democracia. En las manos de este gobierno, ni colocando eunucos a cuidarlos, estarán seguros los más de 60 mil millones de pesos dominicanos, patrimonio de los trabajadores pensionados.


Publicado en el Listín Diario, 09/09/2008

jueves, 4 de septiembre de 2008

La paradoja de Easterlin

La paradoja de Easterlin
Julio Mariñez Rosario


El profesor de la Universidad Southern de California, economista Richard Easterlin puso en circulación la llamada “paradoja de Easterlin” (1974); una teoría que aborda la relación entre el desarrollo económico de una nación y su nivel de felicidad. La conclusión es que el incremento productivo de una sociedad no hacen más felices a los miembros que la componen.

Explica, tras estudiar la evolución económica de los EEUU entre los años 1945 y 1974, que el aumento de riqueza no tiene una correlación directa con el crecimiento de los niveles de felicidad de la nación. Que a medida que se deja atrás la pobreza y sus implicaciones en términos de hambre, sed y frío, no se da un aumento equivalente en el nivel de felicidad en la población señalada. Esta teoría tiene amplia relación con la desarrollada por el politólogo Ronald Inglehart, de la Universidad de Michigan, quien estudio la tendencia de cambio cultural que resulta del crecimiento económico y la seguridad que ello implica. Inglehart fundamenta sus conclusiones en un ambicioso trabajo que se conoce como Encuesta Mundial de Valores.

Inglehart establece que una sociedad marcada por carencias es una sociedad “materialista” y orientada a valores individuales. Mientras que la sociedad “post-materialista” se fundamenta en ideas de autorrealización y participación. Evidentemente dos valores que resaltan en la tendencia son la educación y la profundización de la democracia.

Estos son dos temas álgidos en la sociedad dominicana, ya que la educación dominicana aun no prepara al conjunto de la sociedad y particularmente a la juventud, para afrontar los retos de un mundo complejo tanto por los niveles de requerimiento de conocimiento, como por la angustia que produce la exigencia de competir para lograr los escasos espacios donde poder lograr la autorrealización personal.

La democracia, el segundo valor, de idéntica manera muestra claras señales de retroceso al observar como se desvirtúan los procesos electorales con el abusivo gasto del erario público en favor de campañas partidarias, la planificada liquidación de los partidos políticos de oposición y el bloqueo sistemático de emprender una adecuada Reforma Constitucional que asimile creaciones de avanzada que haga de nuestra democracia una institución perfectible. De acuerdo a estos valores la República Dominicana, bajo este régimen de claro corte personalista y autoritario, se le hará muy difícil alcanzar niveles de autorrealización y democracia esenciales para dejar atrás definitivamente el nivel de atraso y de infelicidad que vivimos la mayoría de la población dominicana.
Publicado en el Listín Diario el día 04/09/2008

miércoles, 27 de agosto de 2008

¡Cuidado con la Constitución!

¡Cuidado con la Constitución!
Julio Mariñez Rosario


Los atenienses hacían remontar su Constitución a las reformas de Clístenes, en el 508 adC, año que suele tomarse como fecha de nacimiento de la democracia. Pericles, sobrino nieto de Clístenes, implementó en la Atenas Imperial el primer gobierno de elección popular. Desde entonces, los pueblos de occidente prepararon, en el marco de la constitución clisteneana, diferentes adecuaciones y modalidades. Siguiendo el proceso histórico, los países latinoamericanos y del Caribe adoptaron los principios que derivaron de la revolución en EEUU y Francesa a finales del siglo XVIII; así ha ocurrido posteriormente, hasta el presente, con las reformas constitucionales que se han venido realizando en todos estos países.


La primera Constitución dominicana, influenciada por la de Cádiz de 1812, fue proclamada el 6 de noviembre de 1844. El fervor democrático que acompañaba esta conquista fue atropellada por Pedro Santana, primer presidente dominicano, con el artículo 210 que lo convertía en dictador. Se repitió en la revisión de 1854, que aunque eliminó el artículo 210 de la Constitución, dispuso en el ordinal 22 artículo 35, la potestad de tomar medidas dictatoriales. La Constitución liberal aprobada por la Cámara de Diputados, en la villa de Moca, el 19 de febrero de 1858, fue atropellada de nuevo por Santana al recuperar el poder. Desde entonces, trajes a la medida, han sido los diferentes proyectos de reformas constitucionales en nuestro país.


Muchos son los temas que agobian la cotidianidad de los dominicanos, colocando de bulto la ineptitud y la corrupción del gobierno de turno. Otros muestran las fallas del sistema político que exigen una reforma urgente orientada a institucionalizar principios de participación democrática, transparencia, eficiencia, rendición de cuentas, administración pública en beneficio del ciudadano, entre otros puntales que fortalecen y hacen del sistema democrático un órgano vivo y perfectible en el tiempo. Pero nos atormentan los problemas del día a día y el gobierno luce feliz ya que desvía la atención sobre la impostergable reforma constitucional.


Varios han sido los elementos desencadenantes que han desatado el proceso de cambio en el país. La muerte de Trujillo, el triunfo electoral del PRD y la presidencia de Juan Bosch, la Guerra Patria y constitucionalista de abril de 1965, los sucesivos gobiernos del PRD que dieron al traste los 12 años de Balaguer, entre otros. A estos elementos de carácter político hay que agregarle otros de índole económicos, social, internacional, cuya interconexión identifican el cambio como complejo y múltiple.


Estamos en una etapa en que el liderazgo político y lo que significa en el marco de la teoría política, facilita el proceso de democratización, ya que los actuales actores políticos están formados en una época en que las formas autoritarias lucen fuera de tiempo, aunque no se descarta la tentación autocrática alimentada por segundones cuya ambición puede más que el sentido de patria.


Es el momento de iniciar, vía una asamblea constituyente, una reforma profunda de nuestra Constitución. Una que nazca producto del compromiso con formas democráticas avanzadas y perfectibles, que no sea partidaria, que no refleje los intereses de un sector político, sea éste partido, grupo de presión o de interés. Que sea un instrumento que emerja del consenso y no de la exclusión. Una Constitución en la que prime el fin supremo de fortalecer en la Nación los valores de libertad, justicia, igualdad, pluralismo, eficiencia, transparencia y participación; donde queden claros temas de debate soslayados en la agenda política, avasallados por el ruido de los momentos electorales como la igualdad material, la igualdad formal, los derechos y libertades, la dignidad, los principios de legalidad y responsabilidad de los poderes públicos, las limitaciones que deben imponerse a la potestad pública, el desarrollo de valores superiores en el ordenamiento constitucional que garanticen el ejercicio de una ciudadanía plena en el marco de un instrumento legal superior, que sea baluarte en la defensa de derechos y deberes que garanticen el desarrollo nacional y la calidad de vida de los ciudadanos.


Reflexionemos señores del gobierno para que tantos hechos notorios de inseguridad y violación a los derechos de los ciudadanos y el rumor público, de una gestión de gobierno desacreditada, no precipite a la población a un levantamiento en que colapse nuestra frágil democracia.


Publicado en el Listín Diario, 26 de agosto de 2008

miércoles, 20 de agosto de 2008

La reelección

La reelección
Julio Mariñez Rosario


Asistimos a la toma de posesión del tercer mandato del presidente Leonel Fernández. Un ejemplo más de un cuestionado triunfo electoral, al que ya muestra que no corresponde a un éxito político. Y la afirmación se sustenta en la tradición política de Latinoamérica.

Generalmente, la reelección se percibe en nuestra región iberoamericana como una desviación personalista. De allí que los políticos que buscan formalizar gobiernos sobre la base de instituciones consolidadas han promovido constituciones que impiden el mandato interminable de una persona o claque gobernante. Pero hoy vemos que Latinoamérica pareciera que vuelve sobre pasos transitados, los cuales no presentan, salvo el caso coyuntural de Colombia, buenos resultados.

Alberto Fujimori, en Perú, forzó una reforma en 1993 que en 1995 le permitió presentarse y ganar unas elecciones altamente cuestionadas. Luego maniobró sobre la base de un artilugio jurídico, con poderes públicos mediatizados, y sobre la base de una denominada “interpretación autentica” de la constitución, para presentarse a una segunda reelección. Los resultados son hartos conocidos: triunfo electoral cuestionado, crisis política, huida al Japón y hoy sometido a la justicia peruana por diversos delitos.

El gobierno de Carlos Saúl Menem, en Argentina, se aventuró a la reelección. En 1996, dos años después de Menem, su par brasileño, Fernando Henrique Cardoso, igualmente ambicionó alargar en el tiempo su posición de poder. Ambos experimentos fueron desastrosos, más para Argentina que para Brasil, ya que Lula da Silva ha resultado un estadista que supo superar la crisis económica que heredó del segundo gobierno de Cardoso.

Latinoamérica transita temerosa hacia la reelección. Catorce de dieciocho países latinoamericanos permiten la reelección de una u otra manera, aunque no indefinida. Ecuador y Costa Rica, países que hasta 1998 el primero, y el 2003 el segundo, la impedian, retornaron a la reelección en sendos periodos consecutivos.

La experiencia de Colombia y Venezuela aparecen contradictorias. En Colombia se argumenta que las derrotas que han sufrido las FARC y otros grupos insurgentes se deben en buena medida a la continuidad de una política de enfrentamiento al fenómeno narcoguerrillero. O sea, un argumento coyuntural. En Venezuela, tras aceptarse en la constitución de 1999, el pueblo venezolano le dijo no a la reelección indefinida. O sea, que el pueblo considera que un proceso de cambio no puede sustentarse en un solo dirigente ya que sería efímero.

El vaivén de la política latinoamericana ha colocado la reelección en el tapete de la discusión pública. No se ha aceptado la reelección indefinida. Evidentemente la reelección parcial ha sido aceptada presionada por factores coyunturales que motivan decisiones circunstanciales. Hasta ahora la historia ha dejado mal parados a los reeleccionistas y, salvo el experimento colombiano que tiene características sui generis, la reelección no es un sistema que le brinde estabilidad y prosperidad a ningún pueblo regido por un sistema presidencialista de gobierno. Esperemos que el presidente Fernández no escuche a la claque gobernante y no someta al país a una crisis mayor de la que ya estamos sufriendo aspirando a perpetuarse en el poder.


Publicado en el Listín Diario, 20 de agosto de 2008

viernes, 15 de agosto de 2008

Encuentro en Leticia, Colombia

Encuentro en Leticia, Colombia
Julio Mariñez Rosario


La pequeña población de Leticia, ubicada en el extremo sur de Colombia, capital del departamento de Amazonas, con alrededor de 35,000 habitantes, punto fronterizo de Brasil, Perú y Colombia, fue el escenario principal de la celebración del 198 aniversario de la Independencia de Colombia, el pasado 20 de julio.

En Leticia se dieron cita los presidentes Inacio Lula da Silva, de Brasil, Alan García, de Perú, y el anfitrión colombiano, Álvaro Uribe. Ese día, en más de un millar de ciudades colombianas y del mundo hubo manifestaciones exigiendo a las FARC la liberación de los secuestrados. Fue una expresión mundial de repudio a la barbarie y a quienes la apoyan, directa o argumentando, sutil o abiertamente, a favor de los insurrectos.

En Leticia estuvieron presentes componentes militares de las Fuerzas Armadas de Brasil y Perú. Allí el presidente Lula anunció el ingreso de Colombia al Consejo de Defensa Sudamericano tras notificar la firma de acuerdos entre los militares brasileños y colombianos -lo que hará próximamente el Presidente peruano- para enfrentar a la guerrilla y el narcotráfico en sus fronteras. Los pactos van hasta la construcción de aviones de combate en forma conjunta. Según fuentes informativas, altos funcionarios brasileños señalaron que “Colombia es nuestro natural aliado, hasta que se transparente la seguridad jurídica y los derechos adquiridos de la propiedad privada y los derechos democráticos le sean respetados, a los cerca de cuatrocientos candidatos a cargos de gobernadores estatales, congresuales y municipales en la República Bolivariana de Venezuela. Hoy por hoy, la falta de seguridad para la inversión depende de que un día el presidente Chávez, por una puntada genital, decida nacionalizar, cerrar o multar antojadizamente la posesión ciudadana. El reclamo de transparencia democrática de la Internacional en su último congreso, sigue pendiente.

¿Cómo podemos interpretar esto? Mucho se ha escrito sobre la existencia de dos izquierdas en Latinoamérica: una democrática, plural, abierta al diálogo, que representan los presidentes Lula, Bachelet y Tabaré, de Brasil, Chile y Uruguay. Otra altisonante, provocadora y enclavada en los sueños revolucionarios de los años sesenta, representada por Chávez y Ortega, de Venezuela y Nicaragua. Mientras los primeros buscan consolidar un mercado latinoamericano en función de fortalecer el aparato productivo de cada país y generar riqueza que puedan distribuir y paliar la pobreza; los otros pretenden seguir levantando consignas guerreras, convocando milicias de autómatas, sin derecho a disentir, como si la guerra de Vietnam estuviese en pleno acontecimiento; posiblemente, los recursos con que la naturaleza les premió y que en nada son productos del esfuerzo de esos aguerridos fanáticos del poder por el poder.

El PRD tiene que observar con sentido crítico la realidad del socialismo democrático latinoamericano, amalgamarse con el pensamiento profundamente democrático de José Francisco Peña Gómez, alinearse con la izquierda democrática progresista, la nueva corriente política de los liberales de Washington, y no caer en los cantos de sirenas de quienes pretenden embarcarnos en la aventuras de un populismo de izquierda, sin horizonte ideológico, aupados por seudo intelectuales bien remunerados en las nominas ocultas que se pagan con la factura petrolera que, finalmente, nosotros y nuestros descendientes, tendremos que honrar.


Publicado en el Listín Diario, 13/08/2008

jueves, 7 de agosto de 2008

Alan García, el joven, el experto

Alan García, el joven, el experto
Julio Mariñez Rosario


Alan García, el actual presidente del Perú, ha transitado dos vertientes políticas signadas por el fracaso y el éxito. Ambas se identifican con el Alan Joven, inexperto, fogoso, impulsivo; y la otra con el Alan experimentado, juicioso, pausado, firme, exigente y con un horizonte de ideas claras.
Todo un ejemplo aprendido, para aquellos quienes pretenden imponer alternativas solamente basándose en la primavera generacional. Alan el joven gobernó el Perú entre 1985 y 1990.


Tenía 36 años cuando asumió la Presidencia de la República de un país inmerso en un profundo conflicto donde lo social y el terrorismo se confundían, creando situaciones verdaderamente complejas que exigían visión profunda y el pulso firme de un estadista.


Pero el joven Alan García no actuó con el librito en la mano, para utilizar un término beisbolero. Implementó una política que generó muchos aplausos y fuegos artificiales en la clase conservadora, por el amago de un populismo centroizquierdista, todo esto desembocó en una grave crisis que expuso casi a la desaparición al legendario partido de Víctor Raúl Haya de la Torre, el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana).


Aplicó medidas como la restricción del pago de la deuda exterior, el rechazo a los organismos multilaterales y la limitación de las importaciones. El término llegó cuando intentó nacionalizar la banca. ¿En qué medida toda esa política ayudó al fortalecimiento del grupo terrorista Sendero Luminoso?


No podríamos decirlo; pero lo que es cierto es que se agigantó el movimiento guerrillero y Alberto Fujimori construyó un liderazgo. El sistema electoral peruano, la condición del APRA como partido histórico, aunque disminuido, la crisis permanente y los desmanes de Fujimori, llevaron a Alan García a tener una segunda oportunidad.


Ahora es un Presidente que lleva adelante un plan de austeridad, doloroso pero necesario, ha emprendido grandes proyectos económicos buscando darle al Perú nuevas fuentes de riqueza, ha reestructurado las relaciones diplomáticas.


El ejemplo de Alan García es esclarecedor en cuanto a lo que un político novel puede hacer sobre la base de su buen carisma y su poca experiencia. De allí que la ruta para atacar problemas sociopolíticos no es hurgar en la agenda de las generaciones, sino buscar la experiencia y saberla combinar con el fuelle potencial inagotable de una mocedad que entienda que el conocimiento, la prudencia y el trabajo son el único camino seguro, que guiará a la juventud dominicana al poder político. Lo necesitamos.


Publicado el día 04 de agosto de 2008, en el Listín Diario